martes, 7 de julio de 2009

Teoría del transeúnte

A las personas debemos recordarlas o reconocerlas no precisamente por lo que dicen, o por la manera particular de enunciar lo que dicen. Tampoco por su color de ojos, ni por los escritores a los que leen, ya se trate de autores como Marx, Rousseau, Borges, Nietzsche, Stephen King, Franz Kafka, etc.
Por el contrario, a las personas hay que recordarlas o reconocerlas por su caminar o, más exactamente, por los modos particulares que hacen a un caminar específico, propio de la persona en cuestión. Éste es y será su patrimonio más valioso. Y para nosotros, éste comprende una útil cualidad económica pues nos ahorrará, si nuestra intención es reconocer, muchos pasos y, si nuestra motivación es recordar, lo que nos ahorra serán un montón de recuerdos que, al fin y al cabo, hacen que los domingos sean más tediosos y los lunes, más marrones.
Cuando hablo de los modos específicos del caminar, me estoy refiriendo a caminares: impulsivos, desganados, colgados o soñadores, sólidos, elegantes, atentos, rígidos, bailarines, energéticos, seductores, rápidos o lentos, mirones, perversos, bizarros, atareados con teléfono móvil, entre otros.
Si esta posibilidad de excelencia económica queda, por alguna razón, obstruida, entonces recurriremos al recuerdo y/o al reconocimiento de la persona mediante el estudio minucioso de sus zapatillas, a saber: sean éstas limpias o sucias (incluyendo los términos medios, es decir, sus diferentes grados, evitando, de esta manera, caer ingenuamente en extremismos indeseables), gastadas o viejas -que no es lo mismo-, novatas, robadas, truchas o verdaderas, simpáticas, serias, abandonadas, con los cordones atados o desatados, etc.
El estudio del caminar podrá complementarse, de ser posible, con el segundo provocando, de esta forma, que la evaluación sea mucho más rica y completa.

3 comentarios:

Nice dijo...

Mi rizomamorron:
Y es para nosotros que, al fin y al cabo, algo queda: minuciosos lunes, teorías desganadas, modos particulares de ser; de ser posible, excluyendo extremismos indeseables, pero incluyendo los términos medios, excelentísimos recuerdos acordonados. Esta posibilidad de los cordones atados con excelencia, no es lograda ni por los escritores, ni por los ojos a los que leen, ni por alguna de sus zapatillas, ingenuamente gastadas de razonar. Es entonces que recurriremos, escurriremos y secaremos domingos al sol, lo cual nos propiciará un ahorro de obstrucción de razón. Es y será -que no es lo mismo- una útil cualidad, el sabérselas arreglar con razones obstruidas.
A lo largo de la historia hemos aprendido que a las personas hay que recordarlas evitando caer en viejos patrimonios, ni por rígidos ni por atareados, pero por ser multicolores andantes. Por este motivo, hemos recurrido al secado rápido en modo automático de los cordones de algodón, para un mayor ajuste de zapatilla en el pie de un señor, que por aquí pasaba, y al ver luz adentro, saludó.

Carolina dijo...

QUE BUENO ESTAAA! GRAcias LauRi por tu rizoma.

Sean Paul dijo...

Me encanto la teoria del transeúnte. Existen tambien miradas, las miradas dicen mucho de la gente.
saludos!