miércoles, 13 de mayo de 2009

Rosa

Hubo un primer momento en el que pensaba que Rosa era algo así como un objeto, una cosa demasiado vulgar. Resulta que esta cosa presentaba una increíble capacidad de molestar a quien se le cruzara en su camino. Era, en su esencia, bastante fastidiosa. Y uno se hacía de todos los mecanismos y medios posibles para hacerla a un lado.
Estaba en el teórico de Psicoterapias, cuando de repente la ví. Rosa estaba muy tranquila en mi mochila. Al respecto, me gustaría aclarar que precisamente ése es uno de los aspectos que la caracteriza: suele quedarse, como si sus intenciones hubieran sufrido un accidente mortal, donde la dejan.
Pues bien, decidí entonces no escuchar más las anécdotas clínicas que aquel profesor relataba muy entusiasmado y con un ego que lo rebalsaba y me dediqué a escribir acerca de Rosa.
Como decía, Rosa parecía ser un objeto molesto y vulgar. Pero luego resultó que Rosa, entre otras cosas, tenía una cuenta corriente en el Banco Galicia. Rosa, además, toma café en una taza que dice "Acuario". A Rosa también le gusta "Patricio Rey y sus redonditos de ricota" y duerme cuando tiene sueño.
Llegué a la conclusión de que Rosa ya no era una cosa tan vulgar. Y no sólo que tiene una cuenta corriente, sino que se trata específicamente de MI cuenta corriente, MI taza, MI cama.

Rosa nace y se hace fuerte.
Rosa se divierte.
Rosa desordena mi biblioteca.
Rosa es tramposa.
Rosa tiene Facebook.

En síntesis, Rosa me invade, se instala en mi. Deja paralíticas mis ganas. Rosa no lleva ni por casualidad un poco de piedad en el bolsillo de su pantalón gastado marrón y gris.
Toda paciencia tiene un límite, así que tomé coraje y decidí hablar con ella civilizadamente. Hasta acá llegaste Rosa.
Fue una mañana de unos tristes doce grados de temperatura, nubes grises, llovizna constante y violines en Buenos Aires. Sólo faltaba que fuera lunes (en ese instante comprendí que podría ser aún peor). Con la finalidad mencionada, me levanté de la cama y fui directamente a la cocina. Y sí, era completamente predecible, Rosa estaba tomando café (amargo por supuesto) en mi taza de Acuario. Disimulando mi fastidio le pregunté por qué me hacía esto. No es posible, ni mucho menos justo, que se lleve así porque sí toda mi alegría. ¿Qué le pasa a esta Rosa? Ni siquiera la conozco. Silencio. La tan astuta se quedó callada mirando TN.
"Bien, cuando vuelva, no quiero verte más acá"
Pues bien, eran las 19 hs, yo volvía de trabajar y las calles del barrio no tenían nada que contar. Seguía lloviendo y como de costumbre pisé una baldosa suelta. Llegué a mi casa, caminaba por el pasillo a la cocina, cuando de repente pude ver, desde la puerta de mi habitación, que por cierto estaba abierta, que Rosa estaba tirando a un tacho de basura "MIS GANAS DE CUALQUIER COSA".
"¿Qué estás haciendo Rosa?!"
"Nada, ¿por? Estaba ordenando a mi gusto"

En fin, pasaron los días y lo vulgar junto con los días pasó a ser eterno, o tal vez una suerte de quietud de la que no se sabe cuando va a finalizar. Ella es como el segundero del reloj, aquel al que le reclamo a gritos por favor que se detenga, que ya es suficiente.
Rosa ahora duerme conmigo, en mi cama, nuestra cama. Y si no fuera por el despertador del celular que suena monótonamente todos los días, Rosa me dejaría durmiendo como si el día próximo a nacer no tuviera nada interesante.

El dolor tiene manejos extraños.

2 comentarios:

Laura Sol dijo...

Al final, Carito, el vacío te pintó lindo.. y rosa!
Muchos besos para mi morrón nietzscheano.
(con Rosa, borrón y morrón nuevo;)

Carolina dijo...

te adoro Lauri, haberte visto me trajo suerte! borrón y morrón nuevo.